LA ÉTICA COMO ELEMENTO VITAL DE LA FUNCIÓN PÚBLICA
El artículo 2 de nuestra
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece que la ética es
un valor superior de nuestro ordenamiento jurídico ya que es indispensable para
lograr consolidar el Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia que propugna y persigue el
espíritu de nuestra Constitución.
Igualmente dicha
Constitución señala una serie de disposiciones sobre la Función Público en sus
artículos 144 al 149, entre las cuales se destaca una muy importante y que
tiene que ver con la esencia del Servicio Público efectivo y es la establecida
en el artículo 145 que indica que la los funcionarios públicos están al
servicio del Estado y no de parcialidad alguna, lo cual se concatena con el
artículo 141 que dice que la Administración Pública está al servicio de los
ciudadanos y ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad,
participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de
cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con sometimiento
pleno a la ley y al derecho. Y aplicando estos valores y principios rectores de
la Administración Público es como se puede lograr que la ética llene todos los
espacios públicos conforme al desempeño funcionarial idealizado en nuestra
Carta Magna.
El servicio público es una
actividad fundamental para la convivencia social, y se concibe como una
actividad llevada a cabo por la Administración bajo su propio control y
regulación, mediante una organización creada para tal objetivo y que tiene por
norte la satisfacción de necesidades de la colectividad.
Además del articulado
constitucional señalado, el legislador nacional, ha creado una pléyade de leyes
conducentes a normar y regular el ejercicio de la función pública, pero que
tienen que ser vistas con respeto y acatamiento por quienes ejercen la función
pública en Venezuela para alcanzar los ideales Bolivarianos que saturan nuestra
Constitución Bolivariana y Libertaria.
La concepción del
funcionario público está claramente definido en las leyes de la República y se
encarna en el hecho de que es ante todo un servidor público y como tal su
actividad debe estar dirigida a servir eficientemente a las personas procurando
la plena satisfacción del interés colectivo. Y aunque la Constitución y las
distintas normas redundan en el colectivismo y el pluralismo social, no debe
entenderse que ese es su único objetivo, ya que conforme a su práctica este
servicio público se va particularizando en todos y cada uno de los individuos y
ciudadanos de la Nación.
La Ética es el elemento
moral del funcionario llevado a la práctica, el desempeño de su función tiene
mucho que ver con el papel que en su formación familiar y escolar se sembró en
sus inicios y que debe ser conducida satisfactoriamente en el momento de su
incorporación a la administración. La Ética es una forma de ser que tiene que
aprenderse, absorberse, consolidarse y practicarse día a día, por todos y cada
uno de quienes prestan sus servicios a la administración pública, ya que es la
única forma de que ese ser humano involucrado con la entelequia del Estado y su
Administración, pueda hacer posible que la población al hacer uso de la misma
alcance la manifestación de estos elementos: Transparencia, Eficacia, Lealtad,
Calidad, Eficiencia, Honestidad, Decoro, Equidad y tantos otros que son
fundamentales en el logro de un verdadero servicio público para todos los
ciudadanos.
La Ética tiene que ver con
el respeto a los valores que le fueron inculcados, ella se reviste de una
concepción moral que infunde respeto a la autoridad, y lamentablemente en
Venezuela, quienes ejercemos esta función público estamos tan distraídos en
nuestros avatares diarios, que no nos damos cuenta que cuando atendemos a un
ciudadano, estamos en pleno ejercicio del servicio público en favor de quien
tiene la autoridad legítima que no se concentra en la constitución sino en
todos y cada uno de los seres humanos que requieren de nuestros servicios.
Cuando el funcionario
atiende con prontitud y diligencia a un ciudadano, está desarrollando todos los
principios y valores establecidos en nuestra Constitución y está llegando a los
umbrales picos de la función pública idealizados en los postulados y
pensamientos dejados por nuestro Libertador Simón Bolívar.
Cuando el funcionario
público desconoce la Ética como una práctica diaria de los valores y principios
constitucionales está desarrollando una conducta violatoria de estos postulados
esenciales para el ejercicio de un gobierno democrático y respetuoso de las
libertades ciudadanas y sus derechos humanos esenciales.
En conclusión pudiéramos señalar
que la Ética es ese elemento que no ha permitido que nuestro país, remonte con
éxito los retos que fueron planteados y que siguen siendo planteados en los
distintos planes de la patria, porque para lograrlos se requiere el concurso de
funcionarios honestos, diligentes, eficientes y comprometidos con el porvenir
de la República y de las Nuevas Generaciones.
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